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Aquellos malditos disquetes de 3 1/2′

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Aquellos malditos disquetes de 3 1/2′

Hace unos días, mi amigo Pablo – el mejor reparador de Notebooks y Motherboards  de Entre Ríos – me dio una alegría.

Cuando comenzó la cuarentena le di un motherboard de mi «cajón de reliquías» que estaba fallando. Se trataba de un ASUS A7N8X-E Deluxe con capacitores inflados que encendía pero se reiniciaba ni bien arrancaba el POST. Ese mother de ASUS fue uno de los mejores productos de la marca – y de todas las marcas – para el famoso Socket A de AMD que vendría a ser similar a lo que es ahora el AM4, un socket veterano, noble y que vio productos increíbles cómo los Duron Spitfire de menos de 1Ghz y los Athlon con núcleos Barton que supieron darle una maravillosa pelea a los Pentium 4 de la época.

Y así fue que desempolvé la vieja y querida disquetera NEC, y de otro baúl de los recuerdos (en realidad es una caja, pero no digan nada) busqué un disquete que dice «SATA NFORCE» y que contiene ni más ni menos que los drivers del controlador SATA para poder instalar Windows XP. Es que por entonces, muchos Sistemas Operativos no tenían en el instalador y de forma nativa muchos drivers, por lo que había que presionar F6 en la instalación para «avisarle» que busque en en Floppy los controladores. Old School.

Y… si bien después me pude armar un CD con Windows XP SP3 con los drivers de todas las controladoras SATA, debo decir que lamentablemente sufrió los embates de los famosos hongos que atacan a los discos compactos, así que fui a lo seguro.

Pero lo seguro tampoco funcionó. Aque aquel famoso disquete que habrá sido usado como máximo 3 o 4 veces no quería funcionar. La disquetera arrancaba a leer y track, track, track, error de lectura. Cambié la disquetera y lo mismo. Ahí recordé a algo que odiaba casi tanto cómo a las impresoras.

Los disquetes de 3 1/2 siempre fueron una cagada

Cómo si se trataba de algún trauma, había olvidado completamente lo nefastos que fueron los disquetes de 3 1/2 en mi vida. Desde aquellos nosecuantos que usaba para instalar Windows 95 en la PC de mi primer novia hasta los disquetes que usábamos para traer y llevar trabajos prácticos cuando no existían los Pendrives ni tampoco Internet.

Vinieron a mi mente mis primeras nociones de redundancia, ya que cada archivo que guardaba lo hacía en 2 disquetes distintos, por las dudas, y de ahí la costumbre de hacer backups en 2 lugares distintos como mínimo, siempre. Y aquellos viajes al cyber del barrio donde me iba con la caja de disquetes para copiarme los MP3’s comprimidos en RAR’s separados de 1.44MB que luego descomprimía – con mucha suerte – en casa para que se vuelven a unir, y cuando tenía errores de CRC puteaba como loco.

Que distintos fue este medio de almacenamiento a los fantásticos disquetes de 5 1/4… ¡Esos si que eran confiables!

En la estación espacial internacional todavía tienen disquetes… ¿funcionarán?

Supongo, también, que parte de la culpa de que los disquetes de tres y medio eran una cagada fue el hecho de que uno se queda con los últimos recuerdos – al igual que con la mayoría de las relaciones – y tengo la gran sospecha de que los últimos años que se fabricaron de manera masiva los disquetes el control de calidad fue de nulo a inexistente. Todavía recuerdo cuando trabajaba en una casa de informática (Districom, para los amigos) en donde abría cajas de BASF y Verbatim para separar los disquetes que andaban y los que fallaban.

Una locura.

Menos mal que ya pasamos esa época en la que putéabamos por estas cosas.

Ahora puteamos por los chinos que toman sopa de murciélago. Quizás es preferible volver a usar disquetes, ¿no?

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