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Este pueblo noruego tiene luz 6 meses al año gracias a espejos gigantes

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Este pueblo noruego tiene luz 6 meses al año gracias a espejos gigantes

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La luz solar es un bien que por su presencia cotidiana no valoramos todo lo que debiéramos. Sin embargo, en un remoto pueblo montañoso de Noruega han tenido que aprovechar los espejos gigantes de una instalación artística para iluminar sus calles.

Existen lugares en nuestro planeta que reciben muy pocas horas de luz solar o que incluso, como la ciudad de Tromsø, carecen totalmente de ella en algunos meses del año por su latitud y proximidad al círculo polar ártico. En el caso del remoto pueblo noruego de Rjukan viven seis meses al año sin luz, no debido a que el sol no llegue a su horizonte, sino por la sombra de las imponentes montañas circundantes a su profundo valle. Cabe recordar la importancia de la iluminación natural para recibir vitamina D, mantener alejada la depresión o regular los ciclos circadianos del sueño, por no hablar de la vida cotidiana, deporte al aire libre o reuniones sociales.

Durante la mayor parte de la historia de la ciudad, Rjukan ha sobrevivido bajo la sombra perpetua durante la mitad del año,  hasta que se instalaron espejos gigantes para iluminar su plaza principal. Los lugareños llaman a estos espejos Solspeilet o espejo solar, y son tres espejos gigantes controlados por ordenador que rastrean el sol y mantienen la luz brillante apuntando al centro de la ciudad. Los espejos se encuentran a 500 metros sobre la ciudad y se reajustan cada 10 segundos a medida que el sol se mueve a través del cielo.

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Los espejos se instalaron en 2013 y desde entonces han atraído a muchos turistas. La idea fue acuñada por Martin Andersen, un artista que se mudó a la ciudad y no pudo soportar la falta de sol. De este modo, persuadió a las autoridades locales para hacer realidad una propuesta que cambió el enclave para siempre. Costó alrededor de 800.000 dólares. Pero no fue el primero al que se le ocurrió: ya hace más de un siglo el ingeniero Sam Eyde, también residente en Rjukan, tuvo una idea similar, descartada por no tener a mano la tecnología necesaria. En cambio, orquestó la construcción de un teleférico en 1928 para que los lugareños pudieran viajar para ver la luz del sol.

Los espejos tienen una superficie total de unos 163 metros cuadrados, aproximadamente del tamaño de un loft tipo estudio. Sin embargo, ese tamaño consigue que en el centro del pueblo se ilumine un área de unos 650 metros, lo que resulta todo un alivio en el hemisferio del año que la luz solar no alcanza a este punto entre montañas. Con la idea de Eyde finalmente implementada en 2013, los residentes locales pueden pasar tiempo a la luz del sol, mientras que el pueblo se ha erigido como un punto de interés turístico destacado en el país nórdico gracias a esta ingeniería creativa. 

Imagen | Wojciech Zwierzynski/Flickr

Fuente | Interesting Engineering

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