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Internet Explorer, gracias por nada

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Internet Explorer, gracias por nada

Hay un dicho que reza que cuando alguien se muere, pasa a ser alguien que siempre fue bueno.

Y esa parece ser la historia de Internet Explorer, el navegador web de Microsoft que nació con la segunda versión de Windows 95 y que a partir de allí y de a poco se fue convirtiendo en líder indiscutido de la industria por muchos años sin antes ser el verdugo del primer gran navegador de la historia, el Netscape Communicator.

Internet Explorer tuvo la suerte de venir integrado con Windows. El final del milenio pasado fue una época bastante movida para Microsoft pero más precisamente para Bill Gates, quién era acusado de abuso de posición dominante. Encima por aquella época (por entonces correspondiente a la era de Windows 98) cuando hacíamos clic en cualquier URL en cualquier lugar se abría Internet Explorer, aún cuando teníamos otro navegador instalado. La idea de elegir un navegador predeterminado vino después, gracias a varias demandas legales y pedidos de los consumidores.

Así tuvo de allanado el camino el navegador de Microsoft para ganar y ganar share en el mercado hasta llegar a tener más del 95% del mismo. La versión 6 de Internet Explorer fue la que disfrutó de ese pico de popularidad, lo que la convirtió en la más usada de todas y probablemente en el navegador más famoso de todos los tiempos. Eran épocas de Windows XP, los Cybers, la llegada de las primeras conexiones de banda ancha accesibles que se compartían con vecinos y un Juan Román Riquelme en su plenitud. Eramos muy felices.

Siendo sinceros, Internet Explorer siempre fue un navegador mediocre. Nunca se destacó en nada y eso lo demuestra la facilidad en la que fue perdiendo mercado cuando se le plantó una alternativa muy superior cómo Mozilla Firefox. Cosas cómo navegar por pestañas (que Opera ya tenía), estabilidad y un respeto por los estándares webs hacían que cualquier persona medianamente entusiasta de la informática dejara de usarlo al conocer Firefox, y así fue.

Comencé a usar Firefox un poco tarde, más precisamente cuando lanzaron la versión 0.7 y automáticamente me convertí en un evangelizador del zorro naranja que al final no era zorro. Recién estaban comenzando con los complementos y la diferencia entre este navegador de código abierto e Internet Explorer era tan abismal que sinceramente no podía entender cómo la gente seguía usando el producto de Microsoft. No hablo de personas que tenían que ejecutarlo de manera obligada debido a las malditas librerías exclusivas o alguna herencia (cómo varios homebankings) sino de personas que leían el diario en el Internet Explorer porque hacía lo habían hecho desde que habían comenzado a navegar en Internet.

Costó llevar Exploreros a los confines de Firefox, yo creo que en su momentó llevé muchísimos, pero después me fui cansando pero no fue aquella fundación casi sin plata la que le pudo ofrecer pelea sino que el mismísimo Google. Todavía recuerdo aquel día de 2008 donde probé una versión Alpha o Beta del primer Chrome que le dije a mi amigo JMF: Acá se acaba todo, en unos años Google se queda con toda la web.

Lo que siempre me molestó de Microsoft es que nunca le dio a su navegador la importancia que se merecía (o al menos creo eso). Durante años me pregunté porqué el día que se enteraron que Google se metía al mercado ellos no compraban Mozilla o al menos Opera y volvían a la pelea con un navegador cómo la gente. O incluso mejor, porqué durmieron tantos años mejorando un navegador que siempre fue bastante mediocre en lugar de hacer algo bueno desde las bases. Porque si existe alguna empresa que sabe hacer algo bueno cuando tiene ganas es jusgamente Microsoft, sino prueben Office, XBOX o el mismo Windows 10 y después me cuentan.

4 años le llevó a Google con su Chrome superar en cuota de mercado a un Internet Explorer que ya no era líder absoluto sinó que había perdido una buena parte de su reinado con Firefox. 2013 marcó una hermosa época donde entre tres navegadores se repartían la torta casi de manera exacta. Pero fue un momento, ya que Chrome venía con un envión tremendo y Firefox había tocado su techo. El reinado de Google en el terreno de los navegadores acababa de comenzar.

El navegador de Microsoft llegó a estar tan bastardeado que llevó a la empresa de Redmond a crear otro navegador con otro nombre – y por fin, otro motor – para tratar de tener al menos una mejor posibilidad de competencia (aunque a esta altura lo dudo). De hecho, Edge es un excelente navegador y a cada rato Windows nos dice “che, probate el Edge mirá que no es la basura de Internet Explorer que hicimos durante tantos años, este es bueno en serio” y por más que tengan razón hoy la gente – o al menos la gran mayoría – ya no tiene ganas de cambiar porque no queda mucho espacio de innovación en los navegadores y casi ninguno hace algo mejor que Chrome.

Van más de 800 palabras y todavía no hablé del Spyware que entraba casi sin pedir permiso en aquellos Windows 98 y Windows XP, las famosas “barras” que llegaban a ocupar más de un cuarto de la superficie de la pantalla y el famoso cartel “este sitio web se ve mejor con Internet Explorer” que fue parte de un maquiávelico intento de Microsoft de dominar y cerrar un mercado que pedía a gritos innovación, apertura y compatibilidad con los estándares.

Recientemente Microsoft anunció que el fin del soporte de Internet Explorer será el 17 de Agosto de 2021, una fecha simbólica porque todos sabíamos que ya había muerto hace tiempo aunque a nivel corporativo es menester avisar de estas cosas porque, increíblemente, existen desarrollos legacy que todavía requieren el uso de este navegador (y que seguirán así hasta el fin de los tiempos).

Quizás la nostalgia a más de a uno le pegue con fuerza y vengan a decirme que soy un hater de este software, pero la verdad es que muy pocas veces me ha pasado de no tener nada bueno para decir de algo cómo de Internet Explorer. Una aplicación que solamente se hizo extremadamente famosa por haber venido instalado en Windows y mezcla entre la complejidad que existía hace 20 años para utilizar otros navegadores y la pereza de los usuarios.

Así que, gracias por nada, Internet Explorer.

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