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Las placas de vídeo, las criptomonedas y los gamers

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Las placas de vídeo, las criptomonedas y los gamers

En Octubre de 2019 compré una Radeon RX570 por unos $6900 argentinos. Se trataba de una oferta por el “Black Friday”.

Hace 2 años, la RX570 era una placa que tenía la potencia necesaria para correr la mayoría (por no decir todos, aunque si, eran todos) los juegos AAA en 1080p a 60FPS con una calidad de buena a muy buena. Incluso en muchos juegos se le podía tirar todo a alto y no “mosqueaba”. Haciendo cuentas según el valor del dolar por entonces, podríamos concluir que una placa de vídeo de entrada a la gama media costaba entre U$D 120 y U$S150, teniendo el segundo valor como más lógico si sacamos el hecho de que la compré en oferta.

Por entonces tenía una Geforce GTX 970 en la PC del living (básicamente para jugar al FIFA) y la RX 570 para jugar en la PC de escritorio.

Por entonces, las placas de vídeo se fabricaban y se vendían para jugar videojuegos. Algún que otro desprevenido se compraba una placa de vídeo para hacer cosas más complejas como renderizar, pero nada más. 2019 fue un año benébolo para los usuarios de PC que querían placas de vídeo para jugar videojuegos porque las placas de vídeo solamente se vendían para jugar videojuegos.

No confundir valor y precio

El 2020 llegó con la pandemia que ya todos conocemos. Comenzó con faltas de stocks obvias por un altísimo exceso de demanda y una subida de precios lógica por ello pero pasando la mitad de año nos encontramos con una nueva subida del valor de las criptomonedas, liderada por el BTC, que logró que el precio de la mayoría de las placas ofrecidas en el mercado simplemente se esfumaran. Recordemos que justo en esos meses Nvidia presentaba la serie RTX 3000 cuyo modelo estrella era la RTX3070 que prometía ofrecer la misma performance que la bestia de la generación (RTX 2080Ti) anterior a un precio realmente increíble: U$S 499.

Simultáneamente, y con el BTC pasando los U$S 10K, el “arte de minar” volvió a convertirse en una actividad rentable. A partir de ese momento, las placas de vídeo dejaron de tener el precio por “rendimiento en juegos” y comenzaron a tener el precio “por rendimiento de minado de criptomonedas”.

Ahí todo se fue a la mierda. Es lógico que en algún momento una placa que tenía como precio original U$S 499 pero a la vez genere U$S 150 por mes (por decir algo) minando criptomonedas suba su precio. Es economía de mercado pura y en algún momento de la cadena todo se decanta por lo que algo termina produciendo. Si mañana se descubre que tomar cerveza lupulada aumenta en 20 años la esperanza de vida sería lógico que el precio del lúpulo se dispare, y así con todo.

Pobres nosotros, los que jugamos

Mientras los “mineros” se la pasan posteando en Instagram las tremendas placas que van agregando a sus granjas de minado, nosotros, los Gamers, estamos sufriendo una crisis. Primero, porque una placa de vídeo decente para jugar tiene un precio imposible. De hecho, aquella RX 570 que compré en 2019 por U$D120 hoy se vende por alrededor de U$S 1200 (al valor oficial, peso más, peso menos). 10 veces más.

De hecho, al día de hoy, las placas de vídeo han pasado de ser un componente de precio promedio a alto dentro del armado de una PC a ser el producto cuyo precio convierte a una PC Gamer en algo prohibitivo (no tiene mucho sentido pagar más de ar$220000 en una PC, sinceramente).

Hoy, y por este tema en particular, conviene mucho más comprar una consola. Específicamente una XBOX Series X con Gamepass.

Lo peor es que las expectativas no son las mejores. El precio de las criptomonedas sigue subiendo, por lo que la industria va a tener que buscarle la vuelta para no morir de éxito – porque en el fondo siguen vendiendo a morir – sin, a su vez, matar a los que le dimos de comer toda la vida que somos los PC Gamers.

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