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‘Por trece razones’ (Netflix) y otras 9 series a las que debieron darles antes el golpe de gracia – Noticias de series

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‘Por trece razones’ (Netflix) y otras 9 series a las que debieron darles antes el golpe de gracia – Noticias de series

Siempre hay alguna ficción televisiva que se alargó más de lo necesario y que dejaste en algún momento por el camino.

Existen series basadas en novelas, series basadas en cómics y otras series nacidas de la nada. Pero, si hay algo que tienen en común algunos de estos títulos son las innecesarias temporadas que han llegado después de su éxito con una primera entrega, y otras con su octava u onceava parte. Antes ocurría con la audiencia en abierto, y ahora lo es con las visualizaciones en las plataformas de ‘streaming’. Alargar más de la cuenta tramas y personajes es, para algunos, todo un arte; el problema es que a parte del público este cúmulo de episodios sin sentido se les llega ha llegado a atragantar. A continuación, te mostramos algunas de las ficciones televisivas que, según la redacción de SensaCine, debieron acabar mucho antes de lo que sus guionistas y creadores tenían planeado.

‘Por trece razones’

Ana Lasso 

Todas las series que adaptan novelas que se han convertido en bestseller, en este caso en la famosa novela homónima de Jay Asher, tienen medio camino hecho y, la mayoría, consiguen contentar a la crítica y captar la atención del público. Otras en cambio son un absoluto fracaso. Pero, este no fue el caso de Por trece razones. A pesar de ser un drama juvenil de los buenos, la serie consiguió calar en el espectador y hacer que se convirtiera en uno de los títulos más vistos de Netflix. Al frente del proyecto estaba la actriz y cantante Selena Gómez que servía como productora ejecutiva. Todo pintaba a las mil maravillas, y lo fue. La primera temporada, protagonizada por Katherine Langford (Maldita) y Dylan Minnette (The Disaster Artist), se estrenaba el 31 de marzo de 2017 y desde el 5 de junio que llegó a la plataforma de ‘streaming’ la última y cuarta temporada se han ido sumando una serie de capítulo y entregas innecesarias. Hannah Baker y sus cintas eran el motor de la serie y una vez que el caso quedó resuelto y se disolvió su historia la trama quedó vacía, o al menos sin las intenciones necesarias como para mantener esta ficción durante tres temporadas más

‘Big Little Lies’

Ana Lasso 

Quizás fue que la primera temporada de Big Little Lies consiguió cautivarme tanto, que tratar de superar lo que hicieron Liane Moriarty, autora de la novela homónima en la que se basa la serie, y David E. Kelley, creador de la ficción, era casi imposible. La satisfacción de aquel final en la playa con esas increíbles mujeres y sus hijos pudo más que el ansia de saber qué ocurriría después con Celeste (Nicole Kidman), Bonnie (Zoë Kravitz), Madelaine (Reese Witherspoon), Jane (Shailene Woodley) y Renata (Laura Dern). Pero, como suele ocurrir siempre, la gallina de los huevos de oro es demasiado tentadora y una segunda temporada estaba a pedir de boca (algo que no puedo reprochar). El fichaje de Meryl Streep sumó notoriedad y fama a la ficción, que no necesitaba de ella porque ya lo había conseguido por sí sola sin la necesidad de incluir en su reparto a una de las actrices más queridas por Hollywood. Puede que el tono de ‘thriller’ que poseía la primera temporada en esta segunda se disipó por completo y se centró de lleno en el drama de cada una de sus protagonistas, que pasan por el momento más oscuro de sus vidas, y este fue una de las grandes ausencias de los nuevos episodios. Aunque las actrices siguen estando impecables en sus interpretaciones, sobre todo, Kravtiz que en esta ocasión se enfrenta a otra dinámica con su personaje; me faltó intriga, descaro, diversión, pasión… Aunque no fue un sinsentido de temporada porque los diálogos seguía teniendo esa verdad que toda mujer quiere gritar en algún momento de su vida, con una entrega hubiera sido la perfecta y merecida despedida de esta historia

‘Prison Break’

Lorena Vialás 

Está claro que si una serie funciona, el objetivo de la industria, porque creo que no tango de los creadores, es estirar el chicle hasta que se rompa. Creo que podría calificar Prison Break como una de las ficciones que más me han enganchado a lo largo de mi historia como seriéfila. Pero he de reconocer que nunca me imaginé, cuando empecé a verla allá por el año 2005, que podría prolongarse en el tiempo como lo ha hecho. La alucinante trama de la ficción creada por Paul Scheuring tenía un final tan claro que aún me cuesta creer cómo es posible que la cadena FOX aún se plantee la posibilidad de rodar una sexta temporada. Una trama que nos presentaba a Michael Scofield (Wentworth Miller), quien después de tatuarse en su cuerpo los planos de la Penitenciaría Estatal Fox River, donde su hermano Lincoln Burrows (Dominic Purcell) cumple condena, a la espera de ser ejecutado por haber cometido un supuesto asesinato, decide atracar un banco con el fin de entrar en esa misma prisión. Una vez dentro, Michael comienza a trazar su plan de huída para sacar de allí a su hermano, de cuya inocencia no duda ni un segundo. La huída se culmina en el último episodio de la primera temporada, y sinceramente ese podría haber sido el final de Prision Break. En lugar de eso, se decidió hacer una segunda temporada, donde se muestra la vida como fugitivos de los dos hermanos y de los otros seis presos que huyeron con ellos. Lejos de lo que me esperaba, terminó por mantenerme en vilo con cada episodio, y por supuesto, su final podría haber sido el desenlace de la ficción. Sin embargo, una vez más se volvía a demostrar que los guionistas son capaces de alargar la historia para seguir en la punta del iceberg, al mismo tiempo que consiguieron la desaprobación de numerosos fans, a los que me uno, que no entendíamos ese empeño por continuar una historia que ya nada tenía que ver con la idea inicial que nos vendieron. 

‘You’ 

Bea Benés 

“Las primeras partes siempre son mejores”, así podría resumirse. Protagonizada por Penn Badgley (Gossip Girl), Elizabeth Lail (Érase una vez), Luca Padovan, Zach Cherry y Shay Mitchell (Pequeñas mentirosas), se estrenó siendo un boom y pocas personas se resistieron a ver este thriller que no bajaba del Top 1 de Netflix. La verdad es que era buena, por lo menos la primera temporada. Diez capítulos que lograron enganchar al espectador hasta el final. Era imposible adivinar el siguiente paso que daría el protagonista y fácil identificarse con algunas escenas. La trama está ambientada en el siglo XXI y cuenta cómo el aparentemente y buenazo Joe Goldberg (Penn Badgley), utiliza las redes sociales y su extrema inteligencia para lograr enamorar a la mujer de sus sueños. A medida que avanza la serie, Joe se desenmascara y muestra su personalidad criminal cuando empieza a cometer los asesinatos. Sus monólogos resultan interesantes por momentos y le dan dinamismo a la historia. Tanto el principio como el final de la primera temporada están a la altura, el bajón viene con la segunda. La historia vuelve a repetirse, Joe conoce a otra chica, se obsesiona y llega hasta el final para conseguir su amor. En contadas ocasiones parece que esté ocurriendo lo mismo pero en otro escenario diferente. La segunda temporada puede resultar un poco pesada porque hay poco que contar. A finales de año se espera que se estrene la tercera, ojalá sea la oportunidad para reengancharse de nuevo a You

‘The Big Bang Theory’

Santiago Gimeno

Me cuesta decirlo, pero The Big Bang Theory, creada por Chuck Lorre y Bill Prady, tendría que haber concluido antes de su duodécima y última temporada. Pero no me malinterpretes. La he visto enterita. La que sigue siendo posiblemente la ficción más ‘nerd’ de la historia de la televisión -con permiso de Los informáticos inició su andadura a finales de 2007 con una historia en la que era prácticamente imposible no reírse en cada uno de sus capítulos. El tímido Leonard Hofstadter (Johnny Galecki), el maniático Sheldon Cooper (Jim Parsons), la vecina de al lado, Penny, interpretada por Kaley Cuoco… A lo largo de sus casi 300 episodios, la serie siguió sorprendiéndonos con personajes tan carismáticos como los de Bernadette Rostenkowski (Melissa Rauch) y Amy Farrah Fowler (Mayim Bialik). Pero como le pasara en su momento a Friends, el devenir narrativo y temporadas demasiado largas hicieron que los protagonistas se convirtieran en caricaturas de sí mismos, especialmente en el caso de Sheldon. Las infinitas rupturas de Penny y Leonard, un Howard Wolowitz (Simon Helberg) un tanto desdibujado tras su matrimonio, un Raj Koothrappali (Kunal Nayyar) sin un desarrollo apropiado y con ‘partenaires’ tan desacertados como Anu (Rati Gupta) o Lucy (Kate Micucci)… Las últimas entregas carecían de esa magia que había hecho que no nos perdiéramos ni uno de sus capítulos -’Dulce gatito’, la fiesta de disfraces, la servilleta firmada por Leonard Nimoy… Pese a dejarnos con ganas de más, ‘The Stockholm Syndrome’ (12×24) no decepcionó como desenlace. Pero hacía tiempo que La Gran Explosión había perdido su chispa.

 

‘Castle’ 

Santiago Gimeno 

Y lo que disfruté yo con Castle… El episodio de la comunidad ‘steampunk’ -‘Punked’ (3×04)-, el de la abducción alienígena -‘Close Encounters of the Murderous Kind’ (3×09)-, el de las pizzas -‘Slice of Death’ (3×20)-, el de las esposas y el tigre -‘Cuffed’ (4×10)… La química entre el escritor de novelas de crímenes Richard Castle (Nathan Fillion) y la detective de policía de Nueva York Kate Beckett (Stana Katic) era inquebrantable. Si incluso fue capaz de evitar el ‘moonlighting curse’ cuando su creador Andrew W. Marlowe decidió que ya era hora de resolver de una vez por todas el ‘will-they-won’t-they’… Castle y Beckett consumaban su amor en ‘Always’ (4×23) y el procedimental continuaba regalándonos perlas como ‘After the Storm’ (5×01), ‘Murder, He Wrote’ (5×04), ‘The Final Frontier’ (5×06) o ‘The Lives of Others’ (5×20). Y entonces llegó la séptima temporada y Marlowe dejó de ser ‘showrunner’. Empezaba a notarse el desgaste y el cambio definitivo se apreció en la octava y última en medio de una controvertida salida de Katic, un amago de renovación por una novena sin la presencia de Beckett -que afortunadamente nunca sucedió- y rumores sobre supuestos encontronazos entre la actriz y Fillion. Los últimos ‘showrunners’ Alexi Hawley y Terence Paul Winter grabaron hasta dos finales ante la incertidumbre sobre la renovación y, cuando ABC decidió cancelar la serie, los fans se despidieron de ‘Caskett’ para siempre con un ‘flashforward’ en ‘Crossfire’ (8×22). Ya no era lo mismo, pero siempre nos quedará tirar de antiguos y gloriosos momentos.

‘The Walking Dead’

Aída S. Anyolini 

Pese a que parece que la serie llegará a su fin tras la temporada 11 -aunque la franquicia seguirá expandiéndose a través de ‘spin offs’-, The Walking Dead debería haber llegado a su fin hace tiempo. Y os lo dice una fan de la serie y del género zombie, ojo. La serie creada por Robert Kirkman ha ido perdiendo seguidores a medida que avanzaban las temporadas, viendo cómo las tramas giraban siempre en torno a lo mismo: Rick y compañía encuentran una comunidad nueva que, al final, resulta estar compuesta de unos malvados villanos que intentan hacerles la vida imposible -más aún dentro de un apocalipsis zombie, quiero decir-. Poco a poco, la serie que se convirtió en un fenómeno televisivo con su estreno en 2010, ha ido perdiendo fuerza por su falta de creatividad y, sobre todo, por la marcha de Andrew Lincoln, el protagonista indiscutible de la ficción. Durante los últimos años, la serie contaba con un ritmo bastante irregular que trataban de satisfacer con un par de ‘capitulazos’ por temporada para intentar mantener atados a los fans. Pero esto termina con la paciencia de cualquier espectador, haciendo que las audiencias hayan bajado estrepitosamente. Curiosamente, The Walking Dead se ha convertido en un zombie televisivo. 

‘El Internado’ 

Custodio Guerrero 

El Internado tiene nada menos que siete temporadas. Sinceramente, creía que tenía menos. Porque yo dejé de ver la serie justo cuando comenzó a salir los nazis por Laguna Negra. A partir de ahí, lo dejé. Y creo que fue una señal de ‘hasta aquí teníais que haberla hecho’. Fue todo un éxito. Eso es indudable. Y la cantidad de personas que reunía cada noche era apabullante, pero es no quita que se desligaron de la esencia original de la serie de misterio, medio terror a un thriller sin sentido con nazis haciendo sus típicos experimentos. No podría haber sido más cliché. Y recordemos la escena de Fermín (Raúl Fernández) consigue sobrevivir a una mina cuando éste la pisa y no puede moverse. Uno de los momentos más tensos que resuelven con un simple tirón de un coche para después morir a manos del teniente Garrido. El Internado es el ejemplo perfecto de una serie de éxito que alargó demasiado el chicle solo por la audiencia, turbiando así el recuerdo de la serie de suspense con el enano y lo que le pasaba a la pequeña Paula (Carlota García). Qué buenos tiempos. Aunque quién diría que de aquí saldría ahora una aclamada actriz internacional como es Ana de Armas trabajando ahora en películas como Puñales por la espalda o Sin tiempo para morir.

‘Dexter’ 

Tomás Andrés

Inspirada en la saga de novelas superventas creadas por Jeff Lindsay, Dexter fue una de las series más populares de la cadena Showtime entre los años 2006 y 2013. En su reparto se encontraban un buen puñado de caras televisivas como Michael C. Hall (A dos metros bajo tierra), Jennifer Carpenter (Sin límites) o Julie Benz (Mujeres desesperadas). En ella se narra la historia de un forense que trabaja para la policía de Miami tratando de desenmarañar violentas muertes. Lo que sus compañeros desconocen es que ese ‘fan de las salpicaduras de sangre’ es en realidad un psicópata, que sacia sus impulsos homicidas con asesinos, violadores, maltratadores y todo tipo de malhechores a los que se encuentra. Con unas prometedoras primeras temporadas, un ácido humor negro y unos personajes memorables (como el sargento James Doakes o el acosador sexual Vince Masuka) la ficción alcanzó su cénit al final de la cuarta temporada cuando el personaje de Arthur Mitchell (interpretado por un magnífico John Lithgow) asesina a la esposa del protagonista. A partir de ahí la serie tomó un cariz monótono y sus tramas -ya de primeras algo inverosímiles- se volvieron directamente surrealistas. La cadena decidió alargar la agonía de una producción que incluso optó en sus últimos capítulos por optar por un romance entre los dos hermanastros protagonistas, hasta la octava temporada cuando quizá lo mejor habría sido mucho mejor darle una digna despedida en torno a la quinta o la sexta. Una pena porque tenía muy buenos números de audiencia y una amplia legión de fans que, o bien poco a poco se fueron desenganchando de la misma, o bien acabaron poniendo el grito en el cielo por sus ridículos giros argumentales. 

Cómo conocía a vuestra madre 

Andrea Zamora 

Cómo conocí a vuestra madre fue una de las ‘sitcom’ reinas de la televisión. Las vivencias del grupo de amigos formado por Ted (Josh Radnor), Marshall (Jason Segel), Robin (Cobie Smulders), Barney (Neil Patrick Harris) y Lily (Alyson Hannigan) formaron parte de la lista de series favoritas de muchos y muchas. Creada por Craig Thomas y Carter Bays, la base de Cómo conocí a vuestra madre es sencilla: un padre contándole a sus hijos cómo conoció a su madre. Puede que la premisa sea válida al inicio de la serie, pero luego no puede darte más da igual. Te quedas tan embobado descubriendo las surrealistas anécdotas y experiencias que ocurren cuando esta pandilla de amigos se encuentra que todo lo demás importa poco. La serie consiguió que soltase algunas de las carcajadas más sonoras de mi vida, pero todo se fue desinflando a pequeños pasos a medida que la historia iba acercándose cada vez más a la gran revelación: quién demonios es la madre de esos niños sentados en el sofá durante años escuchando la eterna narración de su padre. Cómo conocí a vuestra madre llegó a las nueve temporadas y, bueno, tampoco es que fuese una tortura seguir hasta su desenlace. No obstante, la ficción debería haber terminado unas cuantas entregas antes para no tener que sufrir ese giro inexplicable que fue el enamoramiento de Barney y Robin y su boda. ¿Quién se creyó eso? Un claro ejemplo de que lo breve, si es bueno, dos veces bueno.

 

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