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¿Te acordás de tu primera vez con GNU/Linux?

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¿Te acordás de tu primera vez con GNU/Linux?

Septiembre del 2000. Cae mi – todavía ahora – amigo Edgardo a casa, y me pregunta… ¿no tenés un disco rígido tirado por ahí?

Tenía un viejo Quantum Bigfoot de 1.6GB y un Seagate de 4.3GB que, esto es increíble, me había regalado otro amigo que ya reparaba computadoras y que había abierto porque tenía trabado uno de los cabezales. Lo más loco es que si bien este HDD hacía algún que otro ruidito raro y marcaba sectores defectuosos cuando se le hacía un SCANDISK bajo DOS, tenía cierto grado de confiabilidad, por lo que pensé en ese, mientras preparaba el mate.

Ahí aprendí a Instalar Linux, por las dudas desconectemos el disco donde tenés Windows y le metemos bala.

No habían pasado 3 o 4 mates cuando ya teníamos desconectados el cable IDE del flamante Maxtor de 10GB donde tenía casi toda mi vida virtual por entonces (música, películas y juegos incluidos) y conectamos aquel bendito zapatero. Edgardo entraba en el setup del BIOS y elegía CD-ROM como método de arranque.

Por entonces yo no era más que un usuario de Windows con ciertos conocimientos de ir tocando y rompiendo. Recuerdo que tenía recién instalado una versión casi final de Windows XP y estaba sorprendido de lo bien que funcionaba aquel reestyling de Windows 2000 con claras características para los usuarios hogareños. Mientras íbamos por el décimo mate observaba cómo Edgardo se la pasaba yendo y viniendo entre pantallas con un azul muy chillón.

Había que hacer todo, casi de manera artesanal. Romper la partición de Windows, crear varias particiones – haciendo los cálculos para la partición del sistema, para la partición SWAP (memoria virtual) y para el home – para luego comenzar con la configuración de absolutamente todo. La interfaz, luego me enteraría que estaba basada en algo llamado NCURSES, era tan vetusta y rústica cómo funcional, quizás lo más alejado de lo que venía mostrando Windows o Mac por entonces. El tiempo pasaba, entre elecciones hasta de cuál interfaz de red era para Internet y cuál para la red local, y más me gustaba la cosa, hasta que llegó lo mejor…

Tengo que compilar el Kernel, ¿me ayudás?

Lo mío siempre fue más el Hardware que el Software. Los fierros eran mi perdición y desde que podía pagar algunas horas en los cybers me la pasaba en sitios cómo HardOCP o Tom’s leyendo sobre micros, placas de vídeo, memorias y chipsets. Supongo que por eso Edgardo me pidió ayuda ya que conocía a la perfección – o casi, porque al final uno conoce lo más superficial, pero bueno – todas las partes que tenía mi PC por entonces. Creo que era un AMD Duron 700, con 128MB de memoria RAM SIMM y una Geforce GTS, todo ensamblado en un motherboard ATX ASUS Socket A de gama bastante baja, pero cumplidor. Compilar el kernel nos llevó otro termo de mate completo mientras elegíamos los módulos y copiábamos unos comandos escritos en unas hojas impresas que teníamos sobre la mesa. Era mágico, hermoso y esa sensación de “poder hacer más cosas que elegir el nombre de la PC” también daba cierta sensación de poder.

Slackware dejó de “hacerse” en 2016 y esta es una captura de su ultima versión. Si les parece rústica, imaginan lo que era en el año 2000.

El gran problema era el módem. Ahí me di cuenta que más que modem, lo que teníamos la mayoría de los usuarios era lo que en el mercado se conocía cómo WinModems. Eran aparatitos que, para ahorrar componentes utilizaban una “emulación por software” que funcionaba “bien” en Windows pero en Linux eran de terror, nos llevó un par de horas de compilación, pero funcionó.

Una consola, varias interfaces

“Te instalo KDE, porque me gusta más el gestor de archivos”. No entendía nada… hasta que comprendí que había una separación de capas entre la consola y la interfaz gráfica. Algo cómo lo que teníamos cuando usábamos DOS y abríamos Windows, pero podíamos elegir entre varias interfaces, según nuestra preferencia.

Comencé a entender el concepto de software libre. De comunidades trabajando con un objetivo pero a la vez dispersas, algo totalmente opuesto a lo que una empresa persigue. Así conocería Gnome y a Xfce, que “levantar la X” era, justamente, pasar de la consola a la interfaz y que todos estos entornos de escritorio tenían sus cosas buenas cómo sus cosas malas, pero que el aire que se respiraba era otro.

Con los días también de uso y mientras investigaba más y más sobre Linux y cómo hacer andar ciertas cosas que en Windows eran fáciles me preguntaba porqué no laburaban todos juntos para hacer algo realmente bueno y pelearle el mercado a Windows. A ver, por entonces era un joven algo idealista que quería ver épica en todo y creer que algo tan descentralizado cómo los proyectos en Linux podían ponerse de acuerdo era no solo utópico, sino que iba en contra de la filosofía en si misma.

Lo genial de GNU/Linux siempre fue el abanico de posibilidades. Que cualquiera – con conocimientos – se podía hacer una distro y a partir de ahí construir lo que quisiera. Seguí usando Linux cómo segundo OS durante años. Me quemé las pestañas con Slackware hasta que conocí Mandrake, que luego se llamaría Mandriva. Nunca me convertí en un experto, lo que siempre ha sido, quizás, mi gran deuda con la informática.

Un amor no correspondido

Creo que yo siempre quise mucho a Linux, pero Linux no me ha querido mucho. Viniendo del palo de Windows debo reconocer que eso de la consola, y por más poderosa que sea, siempre me ha parecido bastante frustrante y algo difícil de aprender a dominar. Por mi parte, me dediqué más a aprender todo lo que pude de Windows, hice MCSA, cursos por aquí y por allá, laburos de AD e ISA Server, siempre me pudo más el tema de las ventanas.

Distinto ha sido la suerte de muchos amigos que he conocido en la calle de la informática todos estos años. Tipos que han avanzado mucho a nivel laboral debido a sus skills – y su memoria – a la hora de comprender y dominar tantos comandos sobre una fría pantalla negra.

Hoy, de vez en cuando meto mano en alguna cosita y no mucho más (y siempre con respeto). GNU/Linux ha sido uno de los proyectos más ambiciosos e increíbles de la historia de la informática.

Ahora, me queda preguntarte a vos… ¿te acordás de tu primera vez con Linux?

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