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Todo el mundo ponía por las nubes esta serie pero a mí me decepcionó – Noticias de series

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Todo el mundo ponía por las nubes esta serie pero a mí me decepcionó – Noticias de series

‘Stranger Things’, ‘Perdidos’ y ‘Big Bang’ son algunas de las ficciones que no terminaron de convencer a la redacción de SensaCine.

“Tienes que verla”. “Te va a dejar boquiabierto”. “Inmejorable”. “La mejor de los últimos años”. Seguro que, en más de una ocasión, has utilizado alguna de estas frases, u otras similares, para referirte a tu serie favorita. Esa ficción que cuando la ves, o la veías, te es imposible ver únicamente un episodio. Esa que recomiendas a todo el que se cruza en tu camino, aunque no te haya preguntado. Esta que defiendes a capa y espada cuando alguien se atreve a decir algo negativo sobre ella.

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Este comportamiento, del que también habrás sido víctima alguna que otra vez, es el responsable de las grandes decepciones seriéfilas a las que todos nos hemos enfrentado a lo largo de nuestra vida como consumidores activos de producciones televisivas. Está más que demostrado que ver una serie que te han puesto por las nubes y tener el ‘hype’ muy alto sobre lo que se puede esperar de ella, es más contraproducente que beneficioso para tu faceta como espectador. En SensaCine hemos hecho una pequeña selección de esos títulos de la pequeña pantalla que vimos con unas expectativas demasiado elevadas y como consecuencia lo único que consiguieron generar en nosotros fue una profunda decepción. Por supuesto, esto no significa que las series a las que hacemos referencia no sean o hayan sido de lo mejor de la televisión. Simplemente, a nosotros -a título personal- no terminaron de engancharnos. ¿Te sientes identificado?

‘Stranger Things’

 

Sara Heredia

Cuando Stranger Things se estrenó en julio de 2016, la opinión unánime aseguraba que era la serie que tenías que ver ese verano. Yo, que no soy muy fan de ese estilo de ciencia ficción y que tampoco he crecido viendo películas de los 80 como Los Goonies o Los cazafantasmas, me mostraba un poco reticente a caer en la trampa. En la primera semana de su estreno, todo el mundo había devorado la primera temporada y los memes y ‘merchandising’ de la ficción de los Duffer asomaban por cada esquina. Obviamente, por temas laborales, me vi obligada a verla y, aunque no fue una experiencia insoportable -de hecho me pareció entretenida en ciertos momentos-, debo decir que no me enganchó especialmente. No comparto esa pasión por Eleven o por la pareja formada por Dustin y Steve y, con cada nueva temporada, ese ánimo por verla ha ido cayendo en picado. De hecho, fui incapaz de terminar la tercera y última temporada estrenada hasta el momento. Entiendo que su estilo nostálgico y los personajes tienen el carisma suficiente para atrapar a los espectadores, pero no está hecha para mí.

‘Big Bang’

 

Andrea Zamora

Lo he intentado en varias ocasiones, pero hay algo en mí que la rechaza. Big Bang ha sido una de las grandes ‘sitcoms’ de los últimos años siguiendo la estela de Friends, Modern Family y Cómo conocí a vuestra; pero es que yo no puedo con ella. Salvo a Sheldon Cooper (Jim Parsons), no soporto al resto de los personajes. Ni a Leonard (Johnny Galecki). Ni a Howard (Simon Helberg). Ni a Rajesh (Kunal Nayyar). Y, aunque no llegué a conocerlas -nunca pasé de los dos primeros episodios-, seguro que tampoco aguantaría a Bernadette (Melissa Rauch) y a Amy (Mayim Bialik). Pero si hay uno que irrita hasta la extenuación cada una de las células de mi ser ese es el de Penny (Kaley Cuoco). Habré visto el capítulo piloto unas cuantas veces solo para ver si de una vez por todas entraba en el mundo que plantea la ficción. Nada. Solo rechazo. Y escuchar risas de fondo en momentos en los que debería estar soltando una carcajada me dejaban la misma cara que a Villanelle (Jodie Comer) las teorías terraplanistas de su hermanastro y su novia. En concreto, justo la expresión de la asesina de Killing Eve en el episodio ‘Are You From Pinner?’ (3×05) después de escuchar la frase: “¿Lo ves? Te hemos dejado flipando”. Puede que Big Bang haya hecho “flipar” a mucha gente. Conmigo nunca lo ha conseguido. Y dudo mucho que lo haga en el futuro.  

‘Perdidos’

 

Lourdes De Paredes

Siempre he ido un poco a contracorriente con esto de las series en mi adolescencia, no tanto una vez los años han ido pasando en el calendario, digamos que me he ido amoldando a la masa y sumergido en las tendencias del momento como una más. Volviendo a mis años de rebeldía seriéfila, me pasó con Al Salir de Clase en el colegio, todo el mundo bebía los vientos por los colegiales (que ya no estaban en edad escolar) y yo era incapaz de engancharme a sus líos de faldas y traumas existenciales. Me daban pereza, a pesar de que lo intenté con el mismo ahínco que intentaba resolver los problemas de matemáticas. Soy de letras puras. Años después me pasó con Perdidos. Llegó la fiebre por esta serie con un argumento y trama muy logrados para hacernos caer a todos en el drama de estos isleños por obligación. Realmente la serie tenía todos los ingredientes necesarios para atrapar a televidentes de todas las edades en una época en la que todavía desconocíamos la existencia del ‘streaming’ y las maratones de capítulos. Semana a semana las ganas por resolver el misterio eran mayores, o eso percibía yo en mi entorno, hasta que llegó ese final que marcó el camino de la decepción que años más tarde repitió el de Juego de Tronos, por así decirlo, el final de Perdidos fue la vacuna contra la tristeza ante un desenlace tibio y poco a la altura de una serie que nos había generado altas, muy altas expectativas. Yo me quedé sin esa vacuna de Lost, serie a la que intenté engancharme con la misma pasión con la que asistía a las clases de economía… Soy de letras puras. No me decepcionó su final, que acabé viendo y quedándome como estaba, es decir, apática, y así me pasó con Juego de Tronos, que me quedé noqueada y catatónica en los días posteriores a su emisión. Tendría que haberme tomado más en serio Perdidos, los problemas de matemáticas y las clases de economía.

‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’

 

Santiago Gimeno

Todo el mundo me hablaba maravillosamente bien de Las escalofriantes aventuras de Sabrina cuando Netflix la estrenó a finales de 2018. Como me gusta prepararme antes de que una u otra serie se convierta en tendencia, incluso me leí el primer tomo del cómic del mismo nombre de Roberto Aguirre-Sacasa, también creador de la ficción de la popular plataforma de ‘streaming’. Su primera parte -compuesta por 11 episodios- me intrigó, aunque no consiguió encandilarme por un tono excesivamente adolescente y una superabundancia de tramas sin propósito aparente. Con todo, le volví a dar una oportunidad en la segunda parte, esta vez de nueve capítulos, y ese fue el momento en el que decidí abandonar Greendale para siempre. Aunque reconozco que Kiernan Shipka (Sabrina Spellman), Lucy Davis (Hilda Spellman), Michelle Gomez (Mary Wardwell/Lilith) y Miranda Otto (Zelda Spellman) sobresalen extraordinariamente en sus papeles, la magia de su alrededor y su día a día dejaron de interesarme. La primera se esfumó igual de rápido que vino pese a satanes, demonios, maleficios, libros firmados con sangre y otra parafernalia. Aunque quién sabe. Quizá regrese a ella para evitar un sortilegio contra mi persona y, antes de su cuarta parte, me ponga al día con los ocho episodios de la tercera.

‘Breaking Bad’

 

Ana Lasso

Tengo que reconocerlo. Breaking Bad no cumplió ninguna de las expectativas que me había labrado con el paso de los años. No logró superar esa idea de ficción que lo tiene todo: drama, acción, comedia, y un sinfín géneros más, que tanto me habían prometido amigos, amigas, conocidos, familiares… Nadie logró llenar el vació, literal, que me dejó ver esta serie. Puede que verla pasado el ‘boom’ -por llamarlo de algún modo- de la ficción, y de todo ese increíble ‘fandom’ que la rodeaba, haya sido uno de los motivos que me hayan dificultado su disfrute. No lo sé. Lo que sí sé con certeza es que no la recomendaría. Si es cierto que la química, y nunca mejor dicho, entre los protagonistas Aaron Paul (Jesse) y Bryan Cranston (Walter) es evidente. Juntos forman una de las parejas de la televisión más potentes de la historia. Pero, más allá de eso, no le encuentro un mayor interés. Quizá había escuchado tantas maravillas de Breaking Bad que ese fue el principal problema. Desde luego no me enganchó ni me entristecí cuando terminó, ni mucho menos esperaba con los brazos abiertos una continuación.

‘Battlestar Galactica’

Tomás Andrés

En los últimos años empiezo a perder el gusto por la ciencia ficción. Si bien, el género era mi favorito siendo un crío -devoraba desde míticos largometrajes como Alien, el octavo pasajero a producciones tan cochambrosas como Masters del universo– ahora, para mi carece de interés. Por ello, hace tiempo cuando varias personas de mi alrededor me recomendaron encarecidamente ver la serie de la cadena SyFy Battlestar Galactica, me enfrenté a ella con cierto recelo. Llegué a tener incluso las dos primeras temporadas en DVD -obtenidas como regalo de cumpleaños, por supuesto- en aquella época en la que Netflix, HBO o Amazon Prime Video no eran más que un sueño loco y coleccionabamos ficción doméstica en formato físico. Mis dudas se disiparon rápidamente: iba a abandonar su reproducción tarde o temprano… Y así fue. No recuerdo bien si fue a mitad de la segunda temporada o llegué a acabarla. Una historia que no me enganchaba lo más mínimo, unos personajes planos y poco trabajados -a pesar de tener entre ellos el mejor nombre del mundo televisivo: Gaius Baltar- y unos efectos especiales que dejaban mucho que desear, mermaron mi paciencia. Tenía mejores producciones hacia las que dirigir mi atención como Mad Men o Boardwalk Empire. Me estaré haciendo un viejo serio y poco divertido o no se, pero la historia de la batalla estelar entre humanos y esa raza de robots llamadas Cyclon no me llegó a enganchar de verdad en ningún momento, y uno sabe que es adicto cuando no puede esperar para ver el siguiente capítulo. Si su visionado supone una auto obligación, malo.

‘Succession’

 

Custodio Guerrero

Las dos primeras temporadas de Succession han sido todo un éxito estos últimos años, tanto en crítica como en premios. Ya sea por amistades o por noticias, no paraba de recibir muy buenas opiniones sobre la serie de HBO creada por Jesse Armstrong. Pero no me llamaba nada su historia o su trama. Una familia de ricos cuyo patriarca es lo peor que te podrías haber imaginado, no era santo de mi devoción. Pero al darme cuenta de que Armstrong era el mismo guionista que trabajó en el magnífico episodio de Black Mirror ‘Toda tu historia’ (1×03) y tras su gran victoria en los últimos Emmy por su segunda temporada, tuve que darle una oportunidad. Y no. No pude con ella. Conseguí terminar toda la primera temporada y se me hizo muy cuesta arriba. No llegaba a tener empatía con ninguno de los personajes. Las tramas de cada familiar no me parecían nada interesantes ni nada divertidas (de esto último había oído bastante). Muchos la consideraban como la Juego de Tronos con una empresa de por medio, pero para nada. Tenía mucha ganas de que me gustase pero me decepcionó a niveles insospechables. Eso sí, el trabajo de los actores es increíble, pero solo me puedo quedar con eso.

‘The End of the F***ing World’

 

Aída Sánchez

Pocas series me han recomendado más que esta y, a su vez, pocas series con tantas expectativas me han dejado tan indiferente. Al principio, la sinopsis me conquistó: un chico de 17 años que se considera un psicópata, huye con una compañera de colegio a la que quiere asesinar, mientras se embarcan en una aventura por la carretera. Y, una vez encandilada por esa premisa, me aventuré con el primer capítulo. Ahí conocí a James y Alyssa, los dos protagonistas de The End of The F***ing World, interpretados por Alex Lawther y Jessica Barden respectivamente, que sólo me generaban incomodidad. En realidad, esta oscura comedia busca exactamente esa incomodidad en el espectador, que los dos personajes te den un poco de grima y no logres encariñarte de ellos, pero creo que en mi caso lo consiguieron tanto que no pude terminar la temporada. Además, esperaba una trama que avanzase de otra forma, quizás un pensamiento idealizado por las innumerables buenas críticas con las que cuenta. Y, aunque los capítulos duran alrededor de 20 minutos, que la fotografía es excelente y los dos actores principales realizan una gran interpretación, me enganchó tan poco que tuve que abandonarla y convertirme en una de las pocas detractoras de esta serie.

‘Cómo conocí a vuestra madre’

 

Lorena Vialás

Cuando en 2004 Monica, Rachel, Phoebe, Chandler, Joey y Ross, o lo que es lo mismo los protagonistas de Friends, se despedían para siempre de su millones de espectadores en todo el mundo me invadió una enorme tristeza. Sentía un gran vacío seriéfilo que sabía que sería muy difícil de llenar. Unos meses después se estrenaba la serie que me haría enloquecer, la alabada y criticada, a partes iguales, Perdidos. Pero pese a pasarme horas y horas buscando teorías locas en los foros de Internet, no sentía esa conexión con Kate, Jack, Sawyer y compañía, como sí lo hice con los protagonistas de la ‘sitcom’ de NBC, a los que consideraba casi de la familia. En mi búsqueda incesante por “la nueva Friends” me enganché también a Anatomía de Grey y a Prision Break, dos ficciones de las que fui muy fan, pero que tampoco tenían absolutamente nada que ver con las aventuras del sexteto de Nueva York. Por fin, en otoño de 2005, llegaba a la cadena norteamericana CBS la ‘sitcom’ que prometía ser la verdadera sucesora de Friends: Cómo conocí a vuestra madre. Mis amigos enseguida se lanzaron a por ella. Pero a mí me costó dar el paso, porque en el fondo no estaba preparada para “comenzar una nueva relación a ese nivel”. Pronto empezaron a llegar a mis oídos maravillas de la serie protagonizada por Josh Radnor, Jason Segel, Cobie Smulders, Alyson Hannigan y Neil Patrick Harris. “De verdad, en cuanto empieces a verla te olvidarás de Friends”. “Te vas a reír sin parar”. “Los personajes superan con creces a los de Friends”. Estas son algunas de las afirmaciones que salían de la boca de mis amigos, primos, compañeros de universidad, y que, por supuesto, me empujaron hacia la nueva ‘sitcom’ de moda. El primer capítulo me dejó bastante indiferente, y su protagonista principal, Ted Mosby -que hacía las veces de narrador- me resultó bastante cargante y nada simpático. Aún así, quise darle una oportunidad y vi la primera, la segunda e incluso la tercera temporada. Pero no, definitivamente Cómo conocí a vuestra madre no iba a reemplazar en mi corazón, ni de lejos, a mi adorada Friends. Ni las tramas, ni los personajes, ni su ‘Central Perk’ -un pub de estilo irlandés llamado McLarens- podían hacer sombra a la ficción de David Crane y Marta Kauffman.

 

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