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Viviendo la primer “crisis computacional” de mi vida

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Viviendo la primer “crisis computacional” de mi vida

Hola, que tal, soy Narzo. Y estoy de nuevo por acá.

Pocas cosas me llenan tanto de agrado y orgullo como volver a escribir en Tecnovortex. Por suerte ya superamos todos los conflictos legales y ahora me volvieron a abrir las puertas (en realidad es una forma de decir que en realidad la cuarentena afecto fuerte mi nivel de escritura y comprensión, pero ya volvimos).

Por suerte la Pandemia no me afecto tanto como afecto al precio de las computadoras, las aceleradoras gráficas o las cámaras webs.

Es increíble lo fácil y rápido que se inestabiliza un sector tan monopolizado como el de la computación con una pequeña gripecita, lo cual a primera vista tiene sentido. Hay una crisis mundial de salud, y tiene sentido que algo tan mundial como una computadora, que utiliza recursos y minerales del resto del mundo para ensamblarlos en un solo país, y exportarlos al resto del planeta, se vea afectado de alguna u otra forma por una Pandemia de inmensas proporciones.

Pero haciendo la vista gorda, particularmente en nuestro inestable e ineficiente país, de todos estos productos industriales que importamos, pocas cosas se desfasaron tanto los precios como los informáticos.

Notas de este medio sobran a la hora de combatir esta crisis, desde recomendar procesadores con placas de video integradas, a revivir viejas joyitas de lo BBB en placas de vídeo, a recomendar juegos compatibles con computadores de antaño.

Es muy tentador el buscar motivos y razones que justifiquen tal desbalance de precios, y si bien podemos estar especulando y jugando a adivinar, es fácil tentarse en culpar a las cripto monedas, pero el problema a mi parecer es mucho más profundo.

El mundo de la tecnología y la informática es monopólico.

Se que existen tanto empresas diseñadoras de componentes como AMD, Intel, Nvidia o Apple, se que existen empresas que fabrican los chips de silicio, como también ensambladoras que le dan algún que otro toque final a un diseño prefabricado. Pero a niveles generales, la industria en general depende de un cumulo de empresas (que a su vez dependen fuertemente de estas otras empresas), donde con muy poco esfuerzo pueden manipular el mercado para algún u otro lado.

Acá es donde veo la diferencia entre los autos y las computadoras, ambos productos de consumo claves en el siglo XXI, ambos requieren de distritos industriales, ambos requieren de mega empresas madres como BMW, Honda o Fiat, ambos requieren de empresas que se dediquen a fabricar los componentes internos, ambos requieren de técnicos especializados, ambos son producto de la ingeniería, el diseño y la eficiencia, pero uno fabrica en todo el mundo, mientras que el otro depende en un gran porcentaje del gran imperio rojo.

Ahora, no quiero quedar como un opositor al régimen (sabemos que pasa con sus opositores y no quiero morir joven), principalmente por que a criterio personal ese no es el problema, el problema es que están todas unificadas en un solo país, sea este el país rojo o la tierra de la libertad.

No obstante, me es imposible ignorar, como este es un problema sin solución mas que la adaptación.

Es indudable lo barato que le es a las empresas fabricar en china, en un principio por lo baratos que resultaban los costos de producción, hoy en día en la facilidad que debe resultar que toda la linea de montaje de un producto resida en un país con un set de impuestos, tarifas impositivas, y controles aduaneros. La eficiencia invita a la eficiencia, y jamás estaría encontrar a eso, el único resultado de abrir el mercado resultaría en una escalada de precios, quizá aun peor que la que estamos viviendo.

Pero invita al pensamiento, como de todas las industrias, lejos la mas dependiente de china es la mas sensible a elementos externos, entre la Pandemia y el resurgimiento del Bitcoin, hoy es literalmente imposible armarse una computadora, pero relativamente sale lo mismo comprarse un auto o una moto que hace 5 años.

El señor con la elegante campera sosteniendo una tarjeta de video que sólo los Bitcoiners pudieron comprar (En Argentina llegó a costar 10 mil dólares).

Desde que me interesa la informática de consumo, y especialmente desde que empecé a escribir en este medio, solía creer a la industria informática como un relojito suizo. Con la constante ilusión de crecimiento y expansión, con máquinas que dejaban seriamente obsoletas a las anteriores. Comprando componentes con la garantía de remplazarlos por sus aun no existente próxima iteracion, sabiendo, confiando o aludiendo que iban a existir y que iban a dejar obsoleto el producto recién comprado.

La informática de consumo me transformo en un comprador que compraba e investigaba felizmente un producto que en pocos años iba a quedar fuertemente obsoleto. Hoy quizá por primera vez en mi vida, esa ilusión quedo completamente quebrada.

Ya no se cuando voy a poder cambiar la placa de vídeo, ya no se si va a valer la pena cambiarla por un buen buen número de años, casi lo mismo pienso del procesador, la memoria o los discos. No sé si será la edad, pero esta crisis computacional me dejo en claro que no necesitaba mas de lo que tenía, quebró con este ciclo de consumo, ya poco me interesa el anuncio de una placa de vídeo, de la misma forma en la que me interesa el anuncio de una Ferrari, lo veo tan lejano a una economía coherente, que directamente abandone todo tipo de entusiasmo.

Siento que este año me demostró lo fácilmente manipulados que estábamos todos los consumidores en creer que nada iba a ser suficiente, ni los hercios ni los núcleos, ni los gigas de memoria.

Hoy aprovecho el desabastecimiento para mirar desde afuera a la industria, de ver cómo nos vendían silicio con la promesa de mayores cuadros por segundo, a pensar cuanta vida útil tiene mi equipo y como alargársela.

Hoy por primera vez en mi vida disfruto de mi computadora sin pensar ni cuando ni donde ni porque mejorarla. No busco ni razones ni escusas para la cual estar lenta, más que mi propio desuso y mala configuración. Instintivamente pase del “debe estar vieja” a “debe estar mal configurada” con una sola crisis de consumo.

Que tan fácil nos es consumir, que tan fácil nos es escapar del consumo.

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